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¿Me pregunto que seria del mundo sin los viajeros del tiempo, sin las expediciones al centro de la tierra, sin los hombres que vomitan conejos, sin los escritores frustrado que besan a su inspiración y sin tantas grosuras de la literatura? Sin duda un mundo oscuro y frió, donde no quisiera vivir. |
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Ya a esa altura de la pelea no veía muy bien, los dos últimos golpes, que entraron directo a mi cabeza, me habían jodido bastante, vaya si lo hicieron. Jorge desde la esquina me gritaba desesperado, pero no había tiempo de escucharlo y mucho menos de hacer lo que me pedía con tanta urgencia. Ya no reconocía al publico, y eso que mi hijo Agustín estaba en uno de los asientos mas cercanos al cuadrilátero, en las tribunas solo reconocía una maza de donde sobresalían cabezas y brazos con puños abiertos o cerrados, rugiendo de un modo que harían sentir como un ratón al mismísimo rey de la selva. No se si era por esa altura que llevaba ya el combate, donde ambos habíamos recibido golpes que hacían llorar a nuestras viejas a moco tendido o por que dios quería hacerse el chistoso, pero yo podía escuchar, y estoy segurísimo que el también podía escucharlo, un tango de Homero Manzi. Uno que era acompañado por el baile de nuestros pies que se movían a su compás y un intercambio de golpes que nos brindábamos que seguía fiel al dos por cuatro y siempre escuchábamos, tal vez con un poco de miedo, a la maza rugir reclamando sangre. Yo ya no peleaba por el honor, por la plata o por el titulo que no estábamos disputando con aquel desgraciado, al principio si lo hacia, pero con le recorrer de los rounds, que yo ya había perdido la cuenta de los que habían pasado, el horror y el dolor de aquella batalla épica, si me permiten llamarla así, me fue dando la idea de querer terminar con todo eso e irme a mi casa con mi familia y el perro. Encima ese hijo de puta que golpeaba como si tuviera cemento en las manos. En un momento pude tirarlo contra las cuerdas, el tango se hacia mas rápido y violento que se mezclaba con el rugir de la maza, con fuerza iba tanteando en el estomago para luego descargar con todo lo que tenia o me quedaba en su cabeza, el se cubría y me tiraba algunos golpes para tratar de sacarme de encima y que pudiera salir de esa situación, pero casi siempre me conseguía cubrir. No se si fue por el frenesí de la contienda o por que me descuide como buen pelotudo, pero en una de esas levante demasiado el brazo derecho, para un boxeador de la media no hubiera sido nada, pero el era un boxeador natural y supo aprovechar su oportunidad. Antes que pudiera reponerme de mi error pude sentir con rigor como el guante izquierdo impactaba brutalmente en mi hígado, como una semana meando sangre, yo que retrocedí para atrás a causa del dolor y intentándome cubrir sobre un posible contra-ataque. Jorge ya no me gritaba nada, imaginando el final. Pero todo fue inútil, el después de recuperarse de mi ataque contra las cuerdas agito un poco la cabeza y se lanzo como un cazador ante una presa herida y ni te podes imaginar como cobre. No alcanzaba a cubrirme, siempre mi mano llegaba unos segundos después que la suya, así por un corto tiempo que para mi fue toda una vida, ahí todo se volvió nebuloso, solo veía una mancha que me golpeaba y la maza que bramaba como nunca antes en toda la pelea. Cerré los ojos y sentí como me tambaleaba y después chocaba contra algo duro, comencé a sonreír y pensar en mi familia y escuchar el final de aquel tango que se mezclaba con el ruido infernal de la maza.
Fecha: 16/04/2007 19:48. |
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